domingo, 20 de diciembre de 2009

Somos los últimos


Se lo han llevado. Un viejo amigo me puso al corriente la última vez que estuve por la zona, hace un par de semanas. Se trataba de un Renault 12 TL familiar, de principios de los 80. Su dueño, un hombre mayor de la zona, debe haberse cansado de él. O quién sabe. La cuestión es que a estas alturas puede incluso que se haya transformado en un cubo metálico de 1 metro de lado, pasando a formar parte de la geografía de cualquier desguace.

Hasta hace pocas semanas era, junto a mi Renault 12 S de 1973, el último superviviente conocido en toda la comarca de la sierra de Segura. Te han dejado solo, chiquitín. Eres el último. Somos los últimos.




Aquellos fueron otros tiempos, hace unas dos décadas. Por aquel entonces resultaba un coche funcional, cómodo, de mecánica robusta y fiable, las reparaciones resultaban razonablemente sencillas -nada que ver con un coche actual, que ha de pasar por el sistema de diagnostico por ordenador a la primera de cambio- y con poco esfuerzo cualquier taller podía facilitarte cualquier recambio -comparemos precios entre aquellas piezas y las de un coche moderno-. Pero los años pasan, y de la misma forma que yo registro cada día más canas,el avance de la técnica hace que mantener un coche como este se convierta cada vez más en un reto. Eso si tienes la intención de conservarlo, claro.

Ha llovido mucho desde que allá por 1969 Renault presentara el R-12. En 1984 se fabricó la última unidad, y comenzó su declive. En el lugar de donde hablo, la sierra de Segura y alrededores, en mi infancia llegué a contar cerca de una treintena de estos coches, en una época en la que la población podía rondar algo más de 2000 habitantes y el presupuesto no daba para más de un coche por familia. En mi casa llegaron a haber dos unidades hasta tiempos relativamente recientes, aquellos tiempos en los que llegué a reunir por curiosidades del destino cuatro rombos bajo el mismo techo.





Las vueltas de la vida provocaron que tuviera que deshacerme de dos de ellos. El Laguna pasó a la historia a manos de mi hermano en su tercer día de carnet, mientras que el espacioso R12 TS Familiar forma parte de la colección de mi buen amigo erbarbas, granaino que sabe apreciar el R12 como nadie.  Por su parte, el Renault 21, duro sucesor del R-12 me está paseando por media España según la economía lo permite, y el Renault 12 SLE, amarillo y con techo de vinilo -un capricho en la época- espera tranquilo en una cochera a su definitiva restauración, constituido ya como último superviviente de una generación, la generación de los coches que soportaron noches de frio en la calle como nadie, labores de campo, viajes familiares. La generación Renault 12.

2 comentarios:

  1. Menuda lección de historia automovilística ¡¡

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  2. Nada tiene que ver, eso es cierto, pero hecho tela de menos a mi viejo Jaguar

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