domingo, 28 de febrero de 2010

(Otro) 28 de Febrero

Un año más llega el 28 de febrero, y aquí en el sur de España se repite la misma historia de todos los años. Durante el viernes los estudiantes vuelven a ser atosigados con toda aquella historia de la autonomía, del valor del pueblo andaluz, la bandera y sus colores, aquel Blas Infante y su pegadiza y repetida cancioncilla, mientras ellos matan el tiempo construyendo en el aire los castillos a los que volarán el lunes aprovechando que, por aquello de que el festivo recae en domingo, no hay clase. 

El caso de los trabajadores no dista mucho, obviando, eso sí, la parte lectiva del asunto. Ya no hay jornadas especiales de cara a honrar la tierra y la patria chica, sino un ansia desesperada de matar las horas de un viernes o un sábado, según te toque, que no termina nunca, y luego disfrutar eso que llaman lunes de descanso: la sensación fría y extraña de no ir al trabajo mientras el resto lo está -siendo un resto bastante amplio, el resto de España-. 

De este segundo grupo y según hasta donde se halle el individuo de atascado en ese barrizal de la crisis, los habrá que cargarán trastos y se largarán de puente a cualquier parte, aprovechando entre otras cosas que la famosa "tormenta perfecta" o "bomba metereológica" aquí en el sur se ha quedado en agua de borrajas.

Entonces uno se para y piensa, de qué sirve conmemorar una fecha como esta. De qué sirve machacar la cuestión en el aula un día, cuando debería ser algo interiorizado y comprendido a lo largo de un curso entero. Al personal en general -quiero pensar que hay una dispersa pero existente masa que sí valora esta fecha- se la trae al pairo lo de la autonomía, lo del tal Blas Infante  y sus canciones, y su bandera, y su carretera de Carmona donde le dieran matarile un 11 de Julio de aquel 1936, del que tan orgullosos podemos estar. Hemos convertido el último de febrero en un bebedero de patos más, en un festivo en el calendario que con suerte nos puede servir para agarrar uno o dos días libres según el año, en una previsible portada para informativos y periódicos donde los mismos políticos de siempre se felicitan por su excelente trabajo, mientras que la oposición de turno, que sigue siendo, no sé si por suerte o por desgracia, la misma de siempre, acude a los trapos sucios pasados o recientes para empañar esa blanquiverde jornada que el presidente y los suyos tanto predican. El mismo pasteleo año tras año.

Y por lo demás, cada uno a lo suyo. Ni conciencia de pueblo, que podemos y deberíamos tener. Ni enardecimiento de un lugar privilegiado y un estilo de vida, de una cultura, de un pasado a envidiar, cuna de grandes personajes de todos los ámbitos que hicieron posible que nuestra Historia -esa que se escribe con mayúscula- fuese lo que ha sido. Nada.Y con aquello de la crisis, con más motivo. Cada uno barriendo hacia su casa, y que el de arriba nos pille confesados cuando nos toque. Dando lugar como siempre a que venga un personaje de fuera -da igual si de Glasgow, Rotterdam o San Sebastián- con su talonario preparado, y nos monte un negocio que perfectamente, de haber pensado un poco, podiamos haber montado nosostros mismos. Que le pregunten a Linares, por ejemplo, de dónde vino y a dónde se fue el capital inversor que puso en marcha una de las mayores industrias mineras andaluzas. O que le pregunten a las moles de hormigón que forman la Costa del Sol hoy día, de donde sale el grueso de la liquidez que se mueve por sus calles.

Por todo ello uno se siente andaluz, si, pero en blanco y negro. No se puede interiorizar, desarrollar y creer una idea colectiva, cuando la masa prefiere pasar de ello y disfrutar de una cañita con la tapita de jamón de la tierra. Es más fácil y más cómodo conformarnos con la idea de Andalucía del anuncio de Cruzcampo.

1 comentario:

  1. Esta entrada me recuerda el increible honor que tuve al formar parte de la primera banda que puso música en el Nuevo Teatro Infanta Leonor, con motivo de no se que acto de la Junta de Andalucía conjuntamente con el Ayuntamiendo de Jaén con motivo del día de nuestra autonomía. Dios mío que suerte la mía. Acudí a tocar con la banda del Conservatorio bajo la amenaza de un posible suspenso al que no se presentara para trabajar gratis (no vi ni dinero ni creditos ni nada parecío) para una panda de politicuchos.

    Lástima que aunque a veces siento verguenza de ser andaluz, otras, cuando me miro al espejo, veo en mi al típico de la cervecita y la tapita que tu comentas. Igual debo irme cambiando a mi mismo para después, aunque sea interiormente, reclamar que todo cambie. Como me dan que pensar tus textos.

    P.D: Hago a esta hora una breve visita a tu blog, ahora que ya tengo los ojos como platos y la cabeza como un bombo de tanto repasar la vida y obra de Vivaldis, Roussos, Rameaus, Baches, Haendeles, Halles, Frescobaldies, Frobergueres, Scheidtes y otros artistas de la época. Esta ratito por tu mundo me sabe a poco, otro día más. Saludos

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