martes, 8 de junio de 2010

Manifiesto por el transporte público. Los porqués.

Quien ya haya pasado en otras ocasiones por esta página probablemente habrá visto que antes de cada texto que cito suelo incluir unas líneas, algo no muy extenso, según me apetece o según lo que tenga que decir al respecto. El caso del Manifiesto por el transporte público en Jaén me parece distinto. Por una parte, tengo bastante más texto en la cabeza como para dejarlo en un simple párrafo de entrada; por otro, prefiero darle un mínimo toque de seriedad y solemnidad a dicho manifiesto integrándolo, con permiso de sus creadores, sin modificar una coma en él.

El problema, a mi modo de ver, del transporte urbano hoy día en esta ciudad parte de dos raices demasiado gruesas, por desgracia, las cuales además se retroalimentan en un curioso círculo vicioso. Por un lado está el transporte en sí mismo. Hace casi una década que vivo en esta capital, y en este tiempo, a pesar de la expansión de la ciudad -especialmente en todo lo que se conoce como zona bulevar- y del exponencial aumento de gente viviendo en ella -buena parte universitarios-, apenas he visto cambios: quizá dos o tres, siendo optimista, líneas de autobús más, y paneles digitales distribuidos aleatoriamente por algunas partes. Punto. Las paradas siguien siendo escasas en algunas zonas; la información que ofrecen los carteles, insuficiente en el mejor de los casos, de la misma forma que los paneles digitales se hacen de rogar aún en muchos puntos; la frecuencia de las líneas, a causa de una coordinación mejorable y de una ciudad abierta en canal a causa de las obras, pésima, y no hablemos de fines de semana y festivos. Que tiemble aquel que pretenda hacer un trayecto largo un domingo, como por ejemplo Universidad - Fuentezuelas. En cuanto a lo destartaladas que se encuentran algunas unidades rodantes, prefiero no meterme. Comprendo que constituyen un bien no amortizable de un día para otro, y me doy con un canto en los dientes si cumplen con su cometido a diario. Otra cosa es que una unidad antigua aumente los costes a causa de sus mayores necesidades de mantenimiento, su lentitud y mayor consumo.

El otro eje del problema lo constituimos propiamente los ciudadanos. A pesar de que sabemos de sobra lo que supone circular en coche por Jaén, diversas motivaciones nos impulsan a menudo a hacerlo. Dejando a un lado a aquellos que irremediablemente deban utilizarlo, tenemos: al que va a llevar o recoger los niños del colegio, aunque la distancia a veces pueda rayar lo ridículo; otro, que prefiere ir fresquito y con su música, no apelotonado, agobiado por las conversaciones y la publicidad que obsesivamente nos meten con las pantallas; otro, que ha de recoger a la churri a la salida del curro, aunque la parada le quede a veintge metros de la oficina;  otro, que ha de pasear el cochecito que los padres le han regalado por ser capaz de aprobar él solito bachillerato, con L, música enlatada y cara de velocidad; otro, que considera de universitarios de segunda eso de bajar en urbano, pudiendo bajar con el A4 de papá. Y, ojo, recemos para que no llueva o el Paseo de la Estación se convertirá en el Paseo de la Castellana.

Lo que nadie, o casi, parece haberse planteado, es que incrementar el tráfico de esa forma, en una ciudad que lleva un atraso histórico en lo que a desarrollo de movilidad se refiere, no significa más que llegar tarde tu mismo en tu coche, y colaborar activamente para que, junto a otros cuantos centenares de coches -unos cuantos más llegarán tarde, e igualmente se las verán para aparcar-, el servicio de autobús urbano, que no funciona especialmente bien ya de entrada, vaya aún peor todavía.

Y qué remedio. El autobús llega tarde, el viajero se cabrea, y a otro día trinca su coche y arreando. Seguimos engordando día tras día la pescadilla que se muerde la cola.

Me alegró, llegados a este punto, encontrar en una parada de urbano hace unas semanas el manifieso que cito en el otro artículo, editado por la Plataforma ciudadana para la mejora del transporte urbano en Jaén. Me alegró ver que la gente se unía, y que perseguían tratar de curar lo que parecía una enfermedad crónica de esta ciudad. Con suerte quizá dentro de un tiempo contemos con un tranvía y una red de autobuses urbanos eficientes, y desplazarse por estas calles resulte algo más que desplazarse de un punto A a un punto B soportando prisas, mal humor de la gente -esa me la guardo para otro artículo-,y recorriendo a pie trayectos largos que bien podríamos ahorrarnos.

Sería tan sencillo como antender a las revindicaciones que se mencionan en el manifiesto, a las cuales yo añadiría el hecho de utilizar autobuses más pequeños los dias o en las rutas que se estime menor cantidad de viajeros, con el fín de evitar sobrecostes, así como una mayor conciencia por parte de la gente, de los mismos que deberíamos en masa -mírese como el funcionariado ha puesto el grito en el cielo de forma unánime en cuanto han hablado de recortes salariales- movernos para exigir un servicio adecuado a nuestras necesidades y a los tiempos que corren.

1 comentario:

  1. A ver si ponen en Jaén kilómetros y kilómetros de carril-bici como en Sevilla. Yo no se, la verdad, si es bueno o no, pero el caso es que los mencionados kms. hacen que se hayan perdido cientos de aparcamientos y digo yo una cosa: la bici está bien en otoño y primavera, pero ya está. En verano, con el sofocante calor de la capital de la autonomía a ver quién es el guapo que se atreve a hacer un buen trayecto dando a los pedales. Por otra parte, en invierno no estaría muy mal porque puedes aprovechar la ocasión para entrar en calor pero hace falta que no te toque un invierno de agua como el que hemos tenío este año. Yo que quería ahorrar en bonubús y de camino perder bariga y me he tenío que quedar con las ganas.

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