domingo, 23 de enero de 2011

El arte de educar, o teoría de la idiotización colectiva

Me hubiera gustado colgar esto de tu blog como comentario a El arte de educar, pero las limitaciones de la red y mis extensas anotaciones no se llevan bien. Ante el aviso "Su HTML no es aceptable: Debe contener como máximo 4.096 caracteres" solo podía traerlo a mi terreno y echarte por debajo de la puerta una nota indicándote dónde debías venir a buscarlo. Sea pues:

Magnífico artículo. Me alegra profundamente encontrar a alguien capaz de pegarle una patada al cartel de lo social y políticamente correcto y que trate de combinar sentido común y mundo real. Más magnífico aún sería que no hubieras tenido que escribirlo, y que yo no hubiera tenido que felicitarte por ello y darte la razón de principio a fin pero, ya puestos, qué le vamos a hacer. Al menos no te refugias en la simplicidad de que si no va a cambiar, para qué mancharme.

La verdad es que tocas un tema extremadamente delicado, aunque para muchos parezca irrelevante. Resulta que la educación de un niño supondrá el día de mañana, por una parte, que haya desarrollado y pueda utilizar una serie de capacidades básicas: cálculo, expresión, memoria, razonamiento, sentido común -una vez más-, y por otra que posea los conocimientos necesarios como para desenvolverse correctamente en un entorno laboral. Sin embargo parece preferible reconvertir poco a poco la escuela a la ley de mínimos y bajar el listón para que cualquiera, aún sin hacer NADA, vaya evolucionando año tras año, desde la guardería hasta la universidad, desperdiciando por una parte recursos propios -su tiempo y el dinero que en mayor o menor medida le cueste al individuo o a sus padres- y por otra recursos comunes, como son desde la plaza y un sitio donde sentarse, hasta el tiempo que cualquier profesor pueda dedicarle sin necesidad alguna. Es el precio de la igualdad.

¿Qué se logra con ello? Una masa ingente de personas que carecen de educación, de conocimientos, de respeto, de la media docena de ideas imprescindibles sobre el mundo en el que viven, pero que, ojo, poseen un título. Da igual de qué: poseen un título con el que meterse de lleno en un sistema laboral tan incomprensible como el educativo. Hace unos días mantuve una conversación con un amigo librero, en la que este comparaba el sistema laboral alemán con el español. Redondeando las cifras, este estimaba que un trabajador alemán medio podía cobrar unos 1500€ mensuales, habiendo producido por valor de 3000€. Por su parte, un español cobrando 1000€ mensuales desarrolla por un valor de 800€. Ahora podrían lloverme las críticas: pues es que yo!, es que mi padre!, es que mi primo!. Bien, puede que tu, o tu padre, o tu primo, y otros muchos más, produzcan por un valor superior a lo que cobran pero, ¿seguro que es esa la tónica dominante en este país, o aquella cita de uno trabajando y cuatro mirando tendrá algún significado?. Solución: organización y formación. Trabajador formado: rinde, no formado: no rinde, se desmotiva, se acostumbra al mínimo esfuerzo y llegado a un punto no consiente que le digan lo contrario -oye, no me digas lo que tengo que hacer que llevo diez años trabajando aquí, ¿vale?-.

Sobre el caso de las persianas, que podría ser el de los lavabos, las mesas, los jardines… y cualquier cosa que, dentro o fuera de un centro educativo huela a público, ocurre lo inevitable: si no hay mano dura, es imposible que se alcance el orden y el respeto mínimo necesarios para que todo funcione. Pero claro, cómo hablar de mano dura en un país donde el concepto mano dura se tacha de fascista, de dictatorial, de retrógrado… con un leve recuerdo a los maestros que pegaban con reglas de madera. Qué horror y qué crueldad aquellos que antaño decían que la letra con sangre entra. Dejando a un lado a algún que otro cara dura que pueda haber por ahí, ¿cuantos casos de baja psicológica se producen cada curso entre docentes en centros escolares?. ¿Cómo podemos dar lugar a que sean nuestros hijos quienes en casa dispongan a su antojo y además digan al profesor cómo debe dar su clase, bajo pena de denuncia en cuanto este último levante la voz?. Llego pues a lo que con tanta razón apuntas sobre derechos y DEBERES.

Para terminar, hay algo que me ha llamado la atención y que puede hacer que cualquier defensor del menor se te tire a la yugular: hay que aprender a "frustrar" a los niños. Cualquiera te podría llamar de todo, además de preguntarte no sin cierta sorna que si es que piensas marcar de por vida a los pobres niños, trastocarles la mollera y que acaben con problemas de inseguridad e inferioridad… pero como yo no soy cualquiera te digo que tienes toda la razón, y que me alegra pensar que algún día el sistema educacional contará contigo. Espero, sin embargo, que sepas dónde te estás metiendo, ya que en la batalla que te espera cuando las chicas tuenti en menos de una década empiecen a soltar descendencia y sus crías caigan en tus manos vas a necesitar algo más que valor y paciencia.

Un abrazo y ánimo para seguir en la brecha.




(PD: En respuesta a tu comentario sobre Carta de ajuste -puedes pasarlo al artículo correcto si lo deseas copiando y pegando el texto en un comentario nuevo y borrando el antiguo-, decirte que yo de vez en cuando también trato de digerir un poco de teleporquería, simplemente por saber de qué hablo cuando hablo. Otra cosa es que soporte más de diez minutos seguidos de algún programa concreto. En seguida se enciende en mi cabeza la luz roja de alarma por intrusión… y debo cambiar de canal o apagar la televisión. En cuanto a lo de controlar el mundo, no lo veo nada claro eh. Al ser humano no le gusta que le digan qué ha de hacer: ¿cómo nos iban a hacer caso?)

4 comentarios:

  1. Que lejano queda aquello que ocurría cada año en mi clase del colegio durante mi más tierna infancia: casi la totalidad de las niñas deseaban ser maestras en un futuro. Cualquiera se atreve ahora.

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  2. Ufff cuántas cosas, empecemos.

    En primer lugar, he pasado el comentario a carta de ajustes pero no puedo borrar el anterior, creo que eso solo lo puedes hacer tú como administrador del blog.

    En respuesta al señor littlemusician, que lo conozco de algo, decirle que las niñas siguen queriendo ser maestras hasta que llegan a quinto de primaria y quieren ser madres y amas de casa. Con quince creo que, muchas de ellas, logran su meta en la vida.

    Ahora sí, en respuesta a la entrada. Creo que mezclas educación y formación, suele pasar pero debemos saber diferenciarlas porque puede llevar a desastrozas consecuencias, como está pasando hoy en día, en que los que dictan las leyes no saben la diferencia de estos conceptos. Muy triste.

    En general, solo tenemos que pensar en nosotros, te hablo desde la experiencia de niña mimada por unos padres que vivieron la autoridad más absoluta y que querían para sus hijos todo los contario. La pregunta que me hago es: ¿me ha beneficiado eso?, pues, cuando era una niña sí porque tenía casi todo lo que quería y era muy feliz, de adulto me he encontrado con un mundo muy distinto que ha dado lugar a muchos quebraderos de cabeza y a madurar a base de palos, evidentemente yo no quiero eso para mis hijos, ni para los hijos de los demás. No pretendo vivir en una autocracia ni mucho menos, solamente que no podemos seguir viviendo en el libertinaje actual en el que todo vale. Consediero que los términos medios son muy importantes. Quizás yo no tenga la receta absoluta pero al menos aporto una teoría distinta en la que actualmente no se está trabajando.

    En resumen, me alegro que compartas tu teoría y que si, por las vueltas que da la vida, me vienen tus hijos al cole, me apoyes :)

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  3. No mezclo ambos conceptos; he tratado de expresarlo valorando la importancia de ambos en el resultado final, pero por separado. Perdona de todas formas si no lo he expresado correctamente. A fin de cuentas entiendes tu más del asunto que yo.

    Por cierto, es ciertamente curioso que en mis tiempos jóveves la tendencia en ellas era inclinarse hacia la medicina o el magisterio. ¿Realmente vocacional? ¿No habría otra cosa?.

    Algún día escribiré un artículo explicando mi enfoque sobre lo que supondría tener un hijo hoy y educarlo; en breves pinceladas decir que estoy de acuerdo en que no se pueden permitir todos y cada uno de los caprichos posibles. Otra cosa es ese hermoso condicionante que tenemos: la sociedad en la que se desarrollaría ese hijo.

    Y ya que haces mención a la biografía, decirte que la mía fue muy distinta. Nunca faltó para comer en casa, pero tampoco sobró como para que conociera el concepto satisfacción absoluta a mis caprichos. Además mi padre, supongo que por falta de experiencia como padre y como hijo -su padre falleció cuando el contaba doce años- tendió a ser a menudo extricto en exceso. Me miraba al espejo y luego miraba a los de mi edad alrededor y veía vidas muy distintas: a menudo ellos tenían lo que querían, no supieron lo que era el trabajo hasta mucho después que yo. No puedo comparar ya que no conozco otra vida en aquellos años, pero probablemente si volviera atrás no cambiara tantas cosas como hubiera querido antaño.

    Saludos

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  4. He leido el artículo que me has dejado y también el de Muñoz Molina del que se habla.

    ¿Por dónde empezar? Estudio pedagogía como sabrás, pero soy maestra, eso es algo de lo que nunca voy a poder desprenderme, aunque trabaje de reponedora en un supermercado. Mi razón para meterme en esta nueva aventura no es otra que porque quiero cambiar el panorama educativo actual. Soy una maestra que no está de acuerdo con las nuevas leyes promulgadas, con el actual sistema de enseñanza que, por imposición, se está impartiendo en las aulas, no estoy de acuerdo con la calidad de los profesionales que están en las aulas, ni con el equipo de inspección que existe. Sin embargo, no puedo cambiar todo sin conocer de dónde procede, por ello, necesito meterme de nuevo en la Universidad y estudiar una licenciatura y saber qué se cuece, delante y detrás del escenario.

    Quería decir todo esto para que entendieras de qué lado estoy en el artículo de Muñoz Molina. No creo que la culpa sea solo de los pedagogos, sino de todos los profesionales, no siempre de educación, que dictan las leyes y controlan los hilos en este país, por el simple hecho de que nunca se le pregunta al maestro qué es lo que se debe cambiar, qué problemas hay en las aulas, cómo se solucionan..., nada. Desde el despacho sentado todo se hace muy bien, y los demás que aguanten, al fin y al cabo, "van a ser los maestros los primeros que van a ser criticados y linchados por la sociedad y por los padres/madres, etc. Ellos son el problema."

    Esto es lo que quieren. Sin embargo, tengo esperanza en que, poco a poco, la sociedad sea crítica y que no dejemos que nos vendan la moto.

    Siento seguir dándole vueltas al asunto pero es que has dado en mi punto clave.

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