domingo, 9 de enero de 2011

Me jubilo o no me jubilo, y otras cuestiones sobre economía.

Voy camino de la cocina en esta mañana de domingo cuando me llega desde la radio que suele acompañar a mi madre la voz, siempre tan familiar de tanto escucharla hasta la nausea, de uno de los muchos paletos con corbata que hemos dado lugar a colocar en los mandos de esta nave que llamamos España. Este paleto, perdón, político, rezongaba acerca de lo que en los últimos días está de moda una vez pasada la cuestión de doña Leire y su ley: la prórroga en la edad de jubilación de los sesenta y cinco hasta los sesenta y siete años.

Las palabras rebuznadas por el caballero a las cuales me refiero han sido "los españoles y las españolas no pueden pagar los errores económicos de Zapatero". Ahí queda eso, incluyendo por supuesto esa aclaración tan necesaria, que indica que tanto unos como otras se llevan lo suyo. Un servidor, a pesar de limitarse a informático de infantería y de tener una idea bastante pobre del mundo basada en algunas lecturas y poco más, va a tratar de arrojar un poco de luz sobre el tema, aún siendo consciente de que con toda certeza unos y otros harán o desharán como acostumbran.
Las únicas palabras coherentes respecto a la reforma del sistema de pensiones que he oído creo recordar que salieron de boca de Alfredo Pérez Rubalcaba, ayer o anteayer. Este decía lo obvio: señores, el actual sistema de pensiones se puso en marcha hace varias décadas en un tiempo en el cual, en el mejor de los casos, el jubilado viviría como mucho cinco o diez años más después de los sesenta y cinco. Hoy día no es difícil alcanzar los ochenta o noventa años de edad, y sin adaptar el sistema, este no puede hacer frente a los gastos. Viendo esto me pregunto cómo diablos han llegado hasta aquí y no han llevado a cabo esta reforma, no ayer o el año pasado, sino probablemente hace más de una década. Supongo que era algo que tiempo atrás ya se tenía presente, pero era una patata caliente que, hasta que no anduviera próxima a estallar, era mejor dejar en manos del que caiga en la próxima legislatura. Y la patata le ha caído, junto al resto de la crisis, al señor Zapatero.

No puedo dejar a un lado la curiosidad que siento acerca de cómo se invierte el dinero que se recauda. Ya que lo cotizo, es decir, le presto ese dinero al gobierno con la supuesta intención de que algún día, si no me he quedado en el camino, me reembolsen al menos una parte de ese dinero mes a mes, quiero saber qué hacen con él hasta que un servidor se vea en sesenta y cinco, sesenta y siete o por donde ande la edad de jubilación a esas alturas. De entrada me pregunto por qué nadie te pregunta cuando empiezas a trabajar, si deseas cotizar el todo o al menos una parte con objeto de guardar para ese futuro, pues tal vez a mi me interese más apartar poquito a poquito una cantidad, dejarlo en La Caixa o en BanColchón, y apañármelas por mi cuenta el día de mañana. También me pregunto si es necesario que la tercera edad vea subvencionada en su mayoría o en su totalidad según el caso lo referente a materia sanitaria: operaciones, rehabilitación, medicinas y demás. Cuidado, no hablo de una sanidad de pago y menos tras la jubilación; soy partidario de la sanidad pública como ya he dicho en alguna ocasión, pero me parece excesivo tener que subvencionarla hasta estos extremos a la tercera edad, y luego ver sin embargo cómo mi padre ha de trasladarse desde el Jaén rural por sus propios medios hasta Sevilla para una operación de rodilla cuando para muchos casos veo cómo disponen ambulancias al servicio de personas mayores por motivos menores.

Hoy día entrar en un hospital o en un centro de salud, al menos los que conozco aunque me permito presuponer que no son casos aislados, supone encontrarse con un porcentaje de personas mayores muy por encima del resto. Además hay que pensar que las estadísticas indican que la población tenderá a ser cada vez más vieja, es decir, más personas mayores que jóvenes. Dejando a un lado pirámides de población, estamos hablando de una masa de población -un enorme grupo de presión, como lo debe interpretar más de un fácilmente descalificable político- que se lleva una pensión cada mes y además requiere unos servicios sanitarios, demasiado subvencionados y generalmente más habituales y más complejos que cualquier persona más joven. Cómo mantener pues un sistema que, por definición, está costando más que lo que está ingresando.

Por otra parte, tenemos la fea costumbre en este país de mercachifles de poner el grito en el cielo en cuanto se menciona la idea de tocar cualquiera de nuestros privilegios. No damos tiempo siquiera a que quien lo está diciendo pueda explicarse. Ni tan siquiera nos molestamos en debatirlo y buscar un punto medio que satisfaga a la razón y los intereses comunes. No. Lo mejor es tirarse a la yugular del prójimo y de quienes le secunden, no vayan a estar contagiados y acaben saliendo con lo mismo.

En cuanto al personaje de la radio, me pregunto por enésima vez y sin ánimo de defender la dudosa gestión de la crisis por parte de este gobierno, qué diablos hubieran hecho otros en su lugar. No hablo ni de partidos -sería demasiado fácil- ni de tendencias políticas. Cómo pueden estar tan ciegos, tanto ellos como quienes les puedan escuchar batiendo palmas, como para no darse cuenta. El golpe que la economía del país lleva recibiendo los últimos años y que sigue recibiendo no se ha cuajado en en un par de años, sino que llevamos décadas horneando lo ahora mismo ingerimos con patatas. Un mundo en constante expansión, tan globalizado y sobrecomunicado que serían posibles disparates como que la subida del precio del tomate en Nicaragua pudiera influir en que suba el de las latas de sardinas en Somalia y esto a su vez colaborara en el descenso del precio de los guisantes en Córcega. Luego tenemos la construcción: durante los últimos años las fábricas no daban abasto a cocer ladrillo, toda mano de obra nacional o extranjera era bienvenida en las boyantes constructoras. Hasta parecía que, dejando a un lado si hay o no gente suficiente para ocupar tanta edificación, nos íbamos a quedar sin tierra que cubrir con más hormigón, destacando especialmente la costa mediterránea que un día tuvimos y que ahora es un intransitable hervidero de gente y donde antiguos y modestos pueblos de pescadores ahora se ven separados únicamente por un cartel en mitad de una larga avenida flanqueada de edificios -¿alguien ha viajado desde Torremolinos a Benalmádena?-. Todo ello con las bendiciones de unos cuantos bancos empeñados en ir siempre un poco más allá, en seguir jugando un poco más con un dinero que no tenían más que sobre el papel. Hasta que, llevados de la mano de los mismos Estados Unidos de América que no escarmentaron en el 29, nuestra rumbosa y potente economía empezó a hacer aguas. Una vez descalabrado el sistema bancario y detenida la construcción, era cuestión de tiempo que las piezas de dominó fueran cayendo, y con ellas familias enteras, puestos de trabajo, empresas.

Lo mejor de todo es que no son pocos los que tuvieron ocasión de ahorrar algo y no lo hicieron ya que, total, la prójima y yo trabando, en diez años la casa y el coche pagados, y a vivir la vida. Luego la prójima redujo horas, y su prójimo se vio en un ERE. La hipoteca subió, la gasolina subió, hasta el aire que respiraban les salía más caro. Y ale, a dormir con los papis a ver si con suerte en menos de cinco años hemos podido vender el piso y liquidado la hipoteca. Aunque sea por algunos miles de euros menos de lo que nos costó.

Y mientras tanto, unos cuantos personajes de corbata y aspecto bonachón, cincuentones con prominente estómago, prominente papada, prominente Mercedes, prominente red de sucursales en todo el país, le lloran a ese presidente que nadie quiere ver para ver si se enrolla y, bien de las arcas propias, bien llamando a nuestros primos de Europa, nos echan un cable, que nos hemos quedado sin suelto ahora que la gente no paga sus hipotecas y además nos hemos dado cuenta de que, oye, de tanto especular ya no sé ni lo que tengo líquido en la caja fuerte. De todas formas tampoco hay que preocuparse señores, el banco seguro que tiene fondos suficientes para pagarle a la dirección durante algunos años más. ¿Los comerciales y cajeros? Bah, cierra algunas oficinas y que se vayan a su casa. Solucionado el problema.

Por todo ello lo menos que puedo hacer es reírme del paleto que anunciaba a los españoles -y españolas- esta mañana que eso de subir la edad de jubilación era una mala jugada de esas que acostumbra el gobierno. Quién sabe. Tal vez él, que es un tipo majo, piensa cubrir con esas propiedades y ese sueldo con los cuales dios le ha bendecido los agujeros en nuestro actual sistema de pensiones. Y si no llega para cubrirlo, pues se lo comentamos a otros cuantos de su calaña. Seguro que entre todos, gobierno, oposición y chichi de la Bernarda, alcanzamos a pagarnos una jubilación rimbombante que hasta incluso se pueda rebajar a los sesenta. Para qué trabajar más si podemos permitírnoslo.

En opinión de quien firma este texto, no nos queda otra para salir de la crisis que dejarnos de acusaciones, chanchullos, dimes y diretes, y ponernos manos a la obra de una puñetera vez. No nos sacará de la crisis ni Zapatero, ni el otro, ni Maroto, sino el trabajo y el sentido común. Si, eso que tanto nos cuesta. Y en cuanto a la reforma, si a quienes nos gobiernan se les ocurriera preguntarle al pueblo sobre qué hacer al respecto, algo que por cierto no hicieron con la ley anti-tabaco -mira como Antena 3 y sus informativos chupis se lo curran y piden la opinión de sus televidentes- y que probablemente la misma Leire Pajín que la puso en marcha tampoco haga sobre su idea de financiar tratamientos desde la sanidad pública para que el personal deje de fumar, yo votaría afirmativamente el prorrogar la edad de jubilación hasta los sesenta y siete años siempre y cuando contara con los matices correspondientes. A estas alturas que nadie me venga con que un comercial en una oficina, un inspector de Hacienda, un camarero y un encofrador padecen a lo largo de su vida el mismo desgaste físico y psicológico. Habrá quien a los sesenta se vea abocado a una silla de ruedas y dieta blanda y quien a los setenta y cinco aún aguante caminatas de quince kilómetros diarios sin despeinarse. Visto así qué quieren que les diga, yo no veo mejor solución.

Queda ver por dónde saldrá el tema finalmente. Conociendo al personal y a quienes les rodean, como esos sindicatos cuya boca se llena de huelgas en cuanto no les salen las cuentas, vete a saber.

3 comentarios:

  1. Simplemente puedo aplaudirte. Totalmente de acuerdo contigo. Este debate lo tenemos lunes y martes en la excelentísima Universidad de Sevilla (vete tú a saber cuánto les ha costado comprar el título de "excelente") y siempre se me echa la mayoría de las personas encima.
    Como decía un autor por ahí "todo tonto tiene una teoría" y yo no voy a ser menos, así que si algún día se te ocurre fundar un partido político, asociación o cosas por el estilo, por favor, avísame.

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  2. Qué razón llevas amigo mío. Esto no es solo cuestión del Señor Zapatero sino del derroche, derroche y derroche. Como en mi pueblo se dice hemos vivido "a pajera abierta" nos ha quemado un duro en el bolsillo y ahora lo estamos pagando. Quizás no hemos recibido la educación adecuada de nuestra gran democracia, sino todo lo contrario. Abría que plantearse varias cosas y no solo el retraso de la jubilación y empezar a pensar en la educación que se ha estado impartiendo durante años en este país. Nadie no ha planteado la vida con una hipoteca, nadie nos ha dicho lo jodido que sería vivir teniendo que pagar unos 800 euros al mes si o si, nadie no planteo la posibilidad de perder nuestro trabajo, nadie y en cambio cuales aves de rapiña cuando nosotros íbamos a pedir un piso, nos han dado dinero para casa, coche y muebles. Todo fácil, todo hecho y sin una gota de sudor. Estamos muy equivocados ahora no quejamos por el retraso de la edad de jubilación y no tenemos ni idea. En otros países a los jóvenes ni se les pasa por la cabeza hipotecarse hasta las cejas como a los españolitos, ni comprarse un coche en cuanto tienen la edad, no es ninguna deshonra coger el metro o autobús, para nosotros sí. Nuestra juventud tienen una idea muy equivocada de lo que es trabajar, somos unos conformistas nos encontramos con un trabajo y nos creemos más listos que nadie. Tengo 25 años y en alguna ocasión he pensado tocar el techo de mi vida, pensaba que lo tenía todo hecho, pero cuando trabajas en empresas de forma temporal rápidamente te devuelven a la realidad y te planteas si esta es la vida que quieres. Eso le pasa a nuestra España, conformismo puro y duro, es uno de los países europeos con peor nivel de inglés por decir algo, recientemente se empieza a entender eso del I+D+i e incluso más reciente aún, existe bancos que te dan más por tu dinero, te incita a ahorrar, que cosas. Y es esto lo que nos pasa, nadie nos ha dado todavía un tirón de orejas y no ha dicho que para tener algo en la vida hay que ganarse. No tenemos perdón no hemos reído toda la vida de la gente de los ojos rasgado y ahora son ellos los que nos tiene que sacar las castaña del fuego. Solo espero que esta crisis no caiga en saco roto y que aprendamos la lección para que en el día de mañana nuestros descendientes no tengan que pasar por esto.

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  3. Esto del exceso de sanidad gratuita para los jubilados no deja de recordarme cuando tuve que acudir a mi seguro de coche para que pagara las radiografías que me hicieron tras mi pequeño accidente porque si no tendría que haberlas pagado de mi bolsillo. Con respecto a la edad de jubilación puedo citar el de un catedrático de trompeta que abandonó su labor docente a los 71 años y el de un técnico de telefónica que hizo lo propio con 53. Lo que es el mundo. En cuanto a la crisis, a ver si algún cantamañanas de los politicos sale en televisión anunciando el final de la misma y entonces empezaremos a salir. Solo así la gente que gana lo mismo que cuando no había crisis y no gasta dinero por miedo volverá a gastarlo.

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