miércoles, 30 de marzo de 2011

El pasado de la computación personal, una exposición y media vida entre ordenadores

Hace unos días el que escribe estas líneas junto con un amigo, Javi, genio de la electrónica donde los haya capaz de reparar lo irreparable, asistimos a la exposición organizada en la Universidad bajo el título El pasado de la computación personal: Historia de la microinformática, organizada entre otros por el profesor Francisco Charte Ojeda (http://fcharte.com) a quien pertenecen los equipos y materiales que la componen.


Tardes enteras resumibles en una interfaz como esta

Estar allí me supuso volver por unos minutos más de quince años atrás, a la época en la que tuve un Spectrum +2A. Este fue lo más parecido a una consola de videojuegos que tuve al alcance en mis primeros años, así como una forma de tomar contacto con la programación que, sin entender muy bien por qué, nunca pensé como tal por entonces. Años más tarde, cuando empecé a pelear con la programación y las bases de datos en el ciclo de informática, caí en la cuenta, por extraño que pueda parecer, de que todo aquello que venía en el manual que acompañaba al Spectrum y que yo practicaba sin saber muy bien por qué, era programar a todos los efectos. Horas y horas invertidas entre condicionales y bucles, jugando con los comandos de toma de datos por teclado, muestra de datos por pantalla, líneas y líneas de código numeradas en 10, 20, 30… Qué tiempos aquellos.



Código BASIC... Qué recuerdos



Algunas de las joyas de la historia de la microinformática


Aún creo que conservo por casa alguna cinta de casete con pequeños programas escritos por mí o copiados del libro, en aquellas tardes que parecían no tener fin y se diluían entre el LOAD y el SAVE. Además, con aquel ordenador se incluían dos juegos en casete: Robocop II y Chase HQ. Estos tardaban alrededor de diez minutos en cargarse en memoria desde la cinta -un ejercicio muy interesante para aquellos que se desesperan si la descarga de un archivo desde la red tarda más de tres minutos-. Juegos de gráficos muy limitados, lentos y sin muchas opciones, pero que se convertían en extremadamente adictivos.



Del Spectrum pasé a un 286 (ELBE Microsystems, no he vuelto a ver otro de esta marca) y el +2 pasó a segundo plano, con la tecla PLAY del casete fallando de cuando en cuando pero funcionado bien, como sigue a día de hoy. El 286, ya anticuado por aquel entonces y cuyo arranque era toda una experiencia, me sirvió para entrar en el mundo de la informática por la parte del PC, y estuvo en funcionamiento durante un par de años más. Un disco duro de 21 megabytes -en formato de 5,25"-, una disquetera de 5,25", un teclado mecánico con las teclas de función a la izquierda, un monitor CGA y una impresora matricial componían aquella máquina, que cualquiera tacharía hoy de prehistórica. Aquel fue uno de los regalos que considero mejor aprovechados a lo largo de toda mi vida. Montaba MS-Dos 3.1, y tenía varias aplicaciones instaladas así como varios juegos y una buena colección de disquetes, entre los que se contaban los cinco de instalación originales del MS-Dos 5.01.


Un repaso a la historia del almacenamiento

Aquello era informática pura, donde era inevitable tener unos conocimientos medios antes de lanzarte a utilizarlo. Con aquel equipo, a parte de conocer la fondo a frustración de los cuelgues de sistema -con el Spectrum me ocurrió aunque en muy contadas ocasiones-, empecé a crearle a mi padre de forma bastante rudimentaria facturas y presupuestos para la empresa, que luego eran impresos con el inacabable chirrido de la impresora. Además empecé a manejar procesos por lotes; quién creería hoy sin haberlo vivido, que unas cuantas instrucciones encerradas en los clásicos .bat daban tanto juego.

Aunque en eso, supongo, sucede como casi con todo en el mundo de las nuevas tecnologías. Curioseando entre un mostrador y otro, Javi y yo poníamos sobre la mesa recuerdos antiguos y modernos, enfocando a menudo el mundo de hoy en base a lo que por nuestra edad y circunstancias tuvimos ocasión de conocer. La conclusión era inevitable: no sabe lo que se pierde mucha gente de las nuevas generaciones que hoy día ponen en marcha un equipo nuevo por primera vez y comprenden la informática como insertar el que será tu usuario y contraseña y luego abrir el navegador para dar cuatro paseos por la red o matar las horas jugando. Muy fácil y accesible para cualquiera, sí, pero sin el encanto de una época en la que además de tratarse de un mundo tremendamente adictivo era razonablemente sencillo estar al día, al menos en cuanto a información; otra cosa era disponer de los medios para ir comprando cada nuevo dispositivo que salía a la calle. No en vano, la afición de comprar y empaparme revistas sobre el tema en aquella época me enseñaron proporcionalmente tanto como pude aprender años mas tarde en el ciclo de informática. 


Un aparato así invita a aprender electrónica!
El 286 un buen día dio paso a lo que sería el primer ordenador que iba a estrenar: un flamante equipo de sobremesa. En realidad su configuración de hardware, capitaneada por el clásico Windows 98 SE, no daba pie a muchas maravillas: un Celeron a 300Mhz sobre una placa con 32 megabytes de SDRAM y una gráfica integrada, sin puerto AGP. Es impresionante considerar aquella máquina hoy día: no podría hacer casi nada si hablamos de lo que hay en la calle. Sin embargo el salto del 286 a aquel equipo cuya pantalla mostraba unos increíbles 65535 colores fue notable. También aprendí mucho con aquel equipo, que con sucesivas ampliaciones estuvo funcionando hasta hace unos siete años, pero aquello inclinó la balanza del conocimiento hacia el lado del usuario, ya que algún que otro juego y el tener cada vez menos tiempo me acabaron apartando de la senda de la programación que había seguido débilmente hasta entonces.




El resto de mi personal camino por el mundo de la informática hasta hoy se ha traducido en algo tan secundario, en parte supongo porque trabajo montando y reparando equipos, que apenas merece mención. Un buen día hace años me monté un equipo con una placa ASUS del montón y un Sempron que rendía lo justo pero a la vez suficiente, y poco después una beca de estudios me permitió darme el gustazo de comprar mi primer portátil, un HundyX al que en cuatro años no he hecho más que sustituir el disco duro porque el de 120 gigabytes se quedó pequeño. Cerrando este repaso por la actualidad, como ya escribí en un artículo reciente, un amigo tuvo a bien regalarme el año pasado el MacBook en el que estoy redactando este texto, tal como la mayoría de los que acaban en el blog, aunque con el encanto añadido de venir completamente desmontado en una bolsa de plástico: tal y como los primeros Apple salieron a la calle hace varias décadas para ser montados por el futuro propietario.



Volviendo a la exposición, decir que la visita resultó apasionante tanto por la cantidad y calidad de los contenidos que la componen como por el hecho de contar con una compañía que sabía admirar y valorar lo que allí se mostraba, algo que realza tanto en esta ocasión como en cualquier otra lo que se puede llegar a aprender. Amstrad, Sinclair, MSX, Commodore, Apple, Radio Shack. Algunos de los equipos, revistas o componentes me resultaban familiares, por haber tenido alguno como en el caso del Spectrum +2A o el Amstrad CPC464 -que compré hace pocos años de segunda mano y apenas he tenido tiempo de utilizar-, o por haber leído sobre ellos. Otros me eran desconocidos completamente y solo lamento no haber podido gozar de la posibilidad de haber podido utilizarlos para ver cómo funcionaban y qué eran capaces de hacer. De la misma forma los innumerables manuales y revistas invitaban a dejar todo a un lado y abandonarse a la lectura. Además el ordenador dispuesto una esquina con varios emuladores me sirvió para saltar por unos momentos a los tiempos en los que el Pacman deboraba mis horas frente al 286.


¿Las disqueteras para 3 1/2 te parecen grandes?
Mas tarde regresábamos a casa mientras paladeaba un imposible, el haber tenido cerca mi viejo Spectrum, ahora en casa de mis padres, para poder recordar los tiempos en los que una televisión conectada a un ordenador que aparentaba ser poco más que un gran teclado servían para olvidarse de todo.

ATARI 65XE

Quiero agradecer desde esta página al profesor Franciso Charte, aún sin conocerle más que de alguna fotografía, su implicación en la organización del evento así como la cantidad de materiales de su colección que ha aportado a esta exposición. Mencionar además que de su mano tenemos el libro Historia de la microinformática, disponible en .pdf para su descarga y con licencia Creative Commons, donde se ofrece gran cantidad de información acerca de la exposición, sirviendo además como mini-enciclopedia si se me permite la expresión que recoge un magnífico resumen de la historia de muchos de estos equipos que marcaron una época. Tambien se hace imprescindible hablar de la magnífica página alojada en la página de la Universidad en formato wiki construida poco a poco gracias a distintas colaboraciones, ReturnOK, en la que se puede encontrar todo tipo de información acerca de equipos y personajes relevantes en la historia de la computación. De visita obligada.


Relación inversa: cada vez más capacidad en menos tamaño


Para cerrar este texto me permito invitar al lector a darse una vuelta por la exposición, que permanecerá abierta de lunes a viernes hasta el próximo 26 de abril en el edificio Zabaleta de la Universidad. Tanto si te interesa la informática como si no, se trata de una gran oportunidad de conocer a los precursores de las máquinas que hoy facilitan y complican nuestra vida a diario y en cualquier lugar a partes iguales: los ordenadores.

2 comentarios:

  1. Que cantidad de recuerdos me trae este escrito cuantas regañinas tuve que soportar de tu padre por las revistas de informatica que te compraba pero el tiempo que es el mejor maestro y todo lo pone en su lugar me ha dado la razon y la mejor recompensa.Aquello que empezo´siendo un pasatiempo hoy es tu medio de vida una vez mas me alegro de haber hecho caso ami intuicion

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