martes, 8 de marzo de 2011

Surcos: crónica de un éxodo

La festividad del 28 de febrero supuso variar la programación del CineClub Universitario. Anoche retomamos el ritmo, aunque tres cortes de electricidad estuvieron a punto de hacer que quedara en el intento, con la proyección del filme español de 1951 Surcos, dentro del ciclo Construyendo a la mujer en el franquismo, organizado por la profesora Matilde Peinado Rodriguez.

Situémonos en la época. Europa se encuentra en plena recuperación tras la II Guerra mundial. España aún recoge escombros de su guerra civil, la cual terminara doce años antes. Debido a las discrepancias entre el gobierno de Franco y las potencias extranjeras, una vez vencido el fascismo, España se haya sumida en un proceso de autarquía económica sin apenas relaciones comerciales con el exterior. Solo importa el valor nacional y todo cuanto es posible hacer de fronteras adentro. El hambre es el único pan de cada día, acentuándose aún más este hecho en las zonas rurales -recuérdense el plan Jaén, el Badajoz, y otros intentos de reforma similares-.


En estas circunstancias, mucha gente abandonaba los campos huyendo del hambre o atraídos por noticias de familiares o amigos que un día marcharon y consiguieron trabajo. No es difícil encontrar similitudes entre este hecho y el que en la actualidad se da entre países africanos y europeos, por ejemplo.

La película de la que voy a hablar hoy se encuadra en esta idea. Surcos -titulada originalmente Surcos en el asfalto- es la historia de una familia, padre, madre, dos hijos y una hija, que vende lo poco que tiene en el campo para emigrar al Madrid de principios de los cincuenta, convencidos por el hijo mayor, Pepe, que ha estado un tiempo ahí, durante el servicio militar. Pero desde que bajan del tren, los distintos miembros de la familia, especialmente el padre y la madre, se dan cuenta de que no todo es como lo pintaba el hijo.

La ciudad que encuentran no es precisamente la tierra soñada: estraperlo, hambre, pillaje, paro. El padre es llamado para trabajar como peón en una fundición, siendo incapaz de soportar el ritmo de trabajo y las penosas condiciones de este. El hijo mayor pronto empieza a trabajar como conductor para un tipo del barrio venido a más gracias a diversos negocios, algunos de los cuales incluían el estraperlo. La ambición suya y la de Pili, prima de este, acabarán perdiéndole. El hijo menor va rodando de un lado para otro, recibiendo golpes que la vida no le ha dado hasta entonces. La hija menor, por su parte, se apunta a cualquier cosa que le suponga riqueza fácil, imaginando que la vida en la ciudad debe ser totalmente opuesto a la castigada vida rural.

La evolución de los personajes es notable. Quizá sea el padre el único que mantiene intactos, o casi, los mismos ideales desde el principio hasta el final, lo que le supone constantes enfados y peleas con miembros de la familia cuando ve cómo estos se afanan sin pensarlo en cualquier acción que les reporte beneficio, lo que a menudo se traduce en estraperlo. También hay que reseñar cómo el papel del padre destaca como eje de la familia, y, si bien el carácter de la esposa en ocasiones se impone a su voluntad, este no duda en llegar a las manos en cierta ocasión y abofetearla, ante la mirada impasible de otra mujer de la familia que debe entenderlo como algo normal. De igual manera, el ideal de la época de la obediente y sumisa ama de casa se vislumbra a lo largo de toda la película, de la misma forma que se advierte el contraste entre las costumbres de esta familia y las del Madrid al que llegan, donde la mujer sigue en ese papel pero tiene más margen de movimiento. Esto no quiere decir que no se vieran agredidas por el marido si este lo consideraba oportuno.

En la breve introducción previa a la proyección, se habló entre otras cosas de la posibilidad de que los promotores de la película fueran falangistas convencidos de la necedad del éxodo rural desordenado y masivo hacia las ciudades, que no disponían de los servicios mínimos necesarios y eran incapaces de acoger a tanta gente -cito textualmente-. También se menciona una posible moraleja: y es que la familia debió no salir de su pueblo, sino luchar allí para salir adelante sin exponerse a las influencias de la ciudad.

Mereció la pena el paseo así como aguantar estoicamente la incertidumbre de si nos quedaríamos sin película durante los cortes de luz a pocos minutos de comenzar esta. Un filme muy interesante para comprender un poco mejor lo que fuimos. Lo que somos.

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