martes, 23 de agosto de 2011

Construyamos

Salgo a eso de las doce del medio día sin apetito ni ánimo especial de ver la luz del sol, enclaustrado desde antes de las nueve entre destornilladores y equipos informáticos que entraron inutilizados y deben salir funcionando de nuevo en el menor tiempo posible. No hay ningún motivo especial para salir, pero aún así apago la luz y salgo a la calle.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El Ejido - Roquetas de Mar. Crónica de un viaje

Adiós al reloj, a las citas ineludibles. Adiós a aquel pueblo que se dice ciudad y que ostenta el título a la capital más calurosa, si no de día, sí por la noche. Adiós al vacío, a las averías que he de solventar rápido y bien, convertido en una copia barata de robot que repara a otros robots. Adiós a toda prisa salvo la imprescindible para circular por carreteras donde un mínimo despiste supone ser arrollado por la absurda masa.

martes, 16 de agosto de 2011

Depresión

Como cada mañana, acudo al baño para tratar de reedificar sobre un montón de escombros al personaje que actuará en la obra de un nuevo día. Parado frente al lavabo, alzo la mirada. Alguien despeinado y de semblante abstracto me observa.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Arturo Pérez-Reverte. El tío Gilito y sus secuaces.

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EL TÍO GILITO Y SUS SECUACES

Decía Unamuno que, cuando en España se habla de honra, un hombre honrado debe ponerse a temblar. Más de uno debió de temblar el otro día, escuchando decir a un poderoso banquero que ahora los bancos serán más compasivos con sus clientes. Es hecho probado que a ningún banquero, de aquí o de afuera, le da acidez de estómago la ruina ajena. Un banquero es un depredador social con esposa en el Hola, un Danglars que traiciona a cuanto Edmundo Dantés cruza su camino, un Scrooge al que se la traen floja los espectros de las navidades pasadas, presentes y venideras, un tío Gilito que hasta con su sobrino el pato Donald -los que leíamos tebeos lo calamos desde niños-, ignora la piedad. Y ni falta que le hace.

viernes, 5 de agosto de 2011

Muerte en el asfalto

La curva se abría para dar paso a una recta vacía de tráfico -y de cualquier cosa avistable en cielo y tierra- en la densa pesadez de una tarde de agosto. Abandonada la autovía, el número de coches en el horizonte decrecía proporcionalmente a la cantidad de luz al atardecer. De pronto, mientras un sol oblicuo se me clava en los ojos proyectado por los tres espejos del coche, al fondo aprecio una forma marrón, dispuesta entre el centro del carril por el que circulo y la mitad de la carretera.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Beatus Ille, Antonio Muñoz Molina

En 1986 se publicaba Beatus Ille, que habría de ser la primera de novela dentro de la prolífica bibliografía de Antonio Muñoz Molina. Con ella nacía en su imaginación y se extendía por las librerías de medio mundo esa ciudad hecha a medias de realidad y ficción llamada Mágina, lugar que actuaría como telón de fondo en otras obras suyas, como en el caso de El jinete polaco.
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