lunes, 5 de septiembre de 2011

De teléfonos tontos

En los últimos días he llegado a una conclusión un tanto desoladora: el que desde hace algo más de tres años es mi teléfono móvil, salido al mercado hace cosa de un lustro y completo y avanzado por entonces, está pasando de viejo o anticuado al concepto no mucho más grato de teléfono tonto. Esto es así debido a la implantanción casí absoluta hoy día de esa nueva generación denominada smartphone, algo que facilmente da lugar a una necesaria diferenciación, un antes y un después. Lo que ahora se lleva es el teléfono inteligente.

Procedente de la vieja escuela, uno tenía la erronea creencia de que la única inteligencia posible la tenía el ser humano, algunos animales como los delfines o los chimpancés. Cualquier inteligencia posible asignada a una máquina no deja de ser una copia más o menos mediocre -por fortuna a día de hoy- de la de los humanos.

No termino de ver dónde termina la semántica y comienza la realidad. Un ordenador no es menos inteligente que cualquier smartphone actual, y sin embargo nunca se acompañó a su nombre la coletilla inteligente. Pero los tiempos lo imponen. El personal duda entre la necesidad y la tentación a hora de plantearse cambiar su terminal por otro que además de ser táctil esté capacitado para instalar infinitas aplicaciones, desde navegadores, juegos, agendas, reproducción multimedia, captura de fotografía y video en alta calidad..., lo que en conjunto sube exponencialmente sus posibilidades. ¿Adiós al tiempo libre y a la vida personal?.

Eso sí, vas a tener todas las posibilidades online de una sociedad tan desarrolladísima como la actual, pero prepara la cartera. Barajo posibilidades y pronto llego a la conclusión: además del coste del terminal, prepárate para pagar religiosamente una tarifa fija de entre 40 y 80 euros, algo que dobla con creces mi consumo habitual. Pero, ¿no estábamos en crisis?

Pero lo mejor del mundo smartphone probablemente solo se le pasa por la cabeza a quienes han leído 1984 de Orwell. Si hasta hace algún tiempo cualquier teléfono móvil permitía estar razonablemente controlado y posicionado en todo momento, hemos llegado al punto en que saben dónde estamos, qué pensamos, qué queremos, a dónde vamos y de dónde venimos. La mejor publicidad personalizada está a nuestro alcance, de modo que, si no compramos, no será porque no estamos al tanto de cada producto que sale al mercado y se adapta individualmente a nosotros. Ahí están las cláususlas de privacidad y protección de datos. Quien se anime, que las lea y salga de dudas. Imagino que algún día podremos ver a cualquiera en cualquier momento, grabado por su terminal las veinticuatro horas, al estilo del Gran Hermano. Y en 3D, ya puestos.

Algún día, más pronto que tarde, no me quedará más remedio que sustituir mi terminal por otro, acatando sin más cada una de las imposiciones a que nos condiciona el desarrollo tecnológico. El mercado manda. Mientras tanto, empiezo a ver cómo la curiosidad y las ganas de aprender van dando paso a algunas reservas acerca de la conveniencia o no de acercarse a determinadas modas.



Para la reflexión




4 comentarios:

  1. ¡Hola Corso!
    Me he acercado a este artículo tuyo con mucha alegría. Primero, porque es paralelo a una de mis reflexiones, y segundo, porque mi madre me dijo el otro día que tenía que cambiar mi móvil, porque ya estaba viejo. Mi madre no es fan de las nuevas tecnologías, pero de vez en cuando se le escapan esas cosas, porque al fin y al cabo vive en el mundo, y el mundo está bombardeado por anuncios de teléfonos nuevos.
    En resumen, me he sentido muy identificada. Mi móvil hará tres años en febrero (creo, o abril, no estoy segura) pero ya era antiguo cuando lo compré, a pesar de estar a años luz de lo que yo tenía.
    Brillante texto.
    ¡Un abrazo!
    PS: el vídeo es genial. Genial, genial.

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  2. Jajaj,

    Muy bueno el artículo socio.

    Te ha faltado retratar la típica imagen del cani / choni con el último iPhone, HTC o incluso Blackberry, y como interactúan con ellos, sin saber siquiera que tienen entre las manos, ni si les hace falta tanto, en fin.

    Además date cuenta de cómo nos pintan el panorama, haciendonos ver a una sociedad que parece que necesite llevar un smartphone en el bolsillo , como quien necesita saber leer o escribir para desenvolverse.

    Es triste, pero es así.

    Me ha gustado mucho el término de móvil tonto, ajajaja.

    Por cierto, el tema de máquina inteligente, creo que se asocia a éstos cacharros por la gente que normalmente no está involucrada, para su disfrute, en los lares de la tecnología, más concreto con la informática ¿verdad?

    En fín, saludos socio ¡¡

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  3. La verdad es que mi nuevo telefono (Sony Ericsson Xperia X8, para más información) me ha cambiado mis hábitos porque apenas necesito el ordenador para los caprichos diarios y porque puedo comunicarme con mis contactos totalmente gratis e inmediatamente, algo que se agradece. La pega de todo es que es difícil conversar con un amigo sin que tenga el móvil a mano pero espero que solo sea la fiebre del momento.

    Particularmente me resultan interesantes aunque crean cierta dependencias pero es como todo, renovarse o morir dice el dicho.

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  4. Creo ser consciente de la mayoría de sus,inconvenientes, pero no podría estar disfrutando de,tu blog en ente momento si no fuera por mi Smartphone.

    Nada más que añadir.

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