lunes, 22 de octubre de 2012

Cómo nos venden la moto. Noam Chomsky e Ignacio Ramonet

Ya no recuerdo cómo llegó hasta mí el nombre del lingüista Noam Chomsky. Tal vez fue alguna referencia a Las diez estrategias de manipulación mediática, cuya crítica me hizo pensar que, aunque el problema sigue siendo un problema, al menos hay voces autorizadas que ponen nombres y apellidos al asunto.

Llevado por la curiosidad tomé de la biblioteca este ejemplar, firmado a medias por Noam Chomsky e Ignacio Ramonet. La idea global que se desprende del discurso de ambos coincide en ver la información como herramienta de control democrático, en el empleo de toda la maquinaria tanto en prensa como en televisión de cara a dirigir el pensamiento del pueblo, el desvío de atención cuando la situación lo requiere, dándole a un elemento menor una importancia desmedida.

Si bien El control de los medios de comunicación, firmado por Chomsky, me ha parecido interesante y bien construido, Pensamiento único y nuevos amos del mundo, de Ramonet, me ha impresionado más profundamente. Entre menciones a Aldous Huxley y George Orwell, Ramonet habla del manejo de la televisión, de la pérdida de fuerza y la simplificación y falta de rigurosidad a la que se ve abocada la prensa. Habla de la intensidad con la que los poderes económicos —el Estado se quedó atrás hace tiempo en esa carrera— vigilan y analizan el comportamiento humano, tanto de forma individual como colectiva, para aplicar los resultados en beneficio de ese nuevo Dios llamado Mercado, lo que se traduce en beneficio para tales corporaciones. No basta con inducir al sujeto a pensar de una u otra forma: además hay que espiarle, saber qué quiere en cada momento y de qué manera es posible obligarle a que quiera o deje de querer algo.

Lo más triste del asunto es que cuando este libro salió a la calle, a mediados de los noventa, dudo que tanto Chomsky como Ramonet alcanzaran a imaginar la complejidad que la situación presentaría década y media más tarde, cuando en cada hogar hay varios dispositivos conectados a la red casi permanentemente, cuando en todo momento hay una o varias formas de localizar a un individuo en cada momento, e incluso de saber qué está haciendo —y si no, el individuo directamente lo tuitea o cuelga en Facebook, por ejemplo, ahorrando el estudio de mercado—.

Si George Orwell se levantara de su tumba, me pregunto si sentiría frustración o tal vez un enorme cabreo: avisar con seis décadas de antelación a través de su libro 1984 de lo que se avecinaba parece que no sirvió absolutamente para nada. 

2 comentarios:

  1. "(...) a intensidad con la que los poderes económicos —el Estado se quedó atrás hace tiempo en esa carrera— vigilan y analizan el comportamiento humano, tanto de forma individual como colectiva, para aplicar los resultados en beneficio de ese nuevo Dios llamado Mercado, lo que se traduce en beneficio para tales corporaciones." Ufff, da miedo pensarlo, la verdad.

    Es tremendo ver cómo nos inducen a comprar, a consumir cosas que no necesitamos, incluso cómo nos crean la necesidad de poseer objetos que nunca antes pensábamos que necesitaríamos utilizar. Si además las compañías manipulan la información que recibimos...

    Por eso yo leo varios periódicos, para que me manipulen personas con intereses contrapuestos y tener varios puntos de vista sin ángulos muertos.

    ¡¡Un abrazo!!

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  2. Este libro que tantas veces he recomendado y que se queda como un "lo apuntaré" no merece ni mucho menos ocupar esa categoría. A veces pienso que si esta obra no ha tenido la repercusión que debería es porque quizás no interese en absoluto ya que pocos libros como éste han despertado el espíritu crítico que, a veces, se adormece con la cantinela de la sociedad.

    Me llevo una agradable sensación tras leer tu comentario al respecto y tras conocer que te ha resultado interesante.

    Un saludo

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