Un día, hace cosa de un par de años, empezó a hablarse de unas extrañas figuras que coronaban las rotondas de la recién reformada entrada a la ciudad junto a la universidad. Algún tiempo después, bajando desde el nuevo polígono industrial por la antigua carretera de Madrid me encuentro con otros ejemplos curiosos de fauna inerte. En los dos casos la reacción fue la misma, una mirada de extrañeza, un gesto de sorpresa, y la ineludible pregunta: quién posee la imaginación y la capacidad de trabajo necesarias para hacer algo así.
Un gesto que predice un infortunio, Tantos libros viejos por leer,
una mirada que enamora al descreído, tanta lucidez al borde del vacío,
un amanecer desvelado entre alcoholes, tantas vidas que vivir en una sola,
un personaje inventado por descuido. tanto tiempo debo que no es mío.
Desde la absurda sinrazón. Desde la cruda realidad. Desde la misma vida.
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miércoles, 13 de abril de 2011
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