Hasta el pasado 3 de marzo Julio Llamazares era para mí lo que por desgracia son todavía tantos y tantos escritores: un nombre que aparece fugazmente entre las estanterías de una librería, entre las firmas de un periódico. Uno más entre el marasmo de textos y escritores que no me gustaría ignorar cuando termine mi viaje.
Un gesto que predice un infortunio, Tantos libros viejos por leer,
una mirada que enamora al descreído, tanta lucidez al borde del vacío,
un amanecer desvelado entre alcoholes, tantas vidas que vivir en una sola,
un personaje inventado por descuido. tanto tiempo debo que no es mío.
Desde la absurda sinrazón. Desde la cruda realidad. Desde la misma vida.
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martes, 12 de abril de 2011
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