El veintiséis de noviembre del pasado año quien esto escribe tenía ocasión de dar forma a uno de esos sueños de juventud que con vaguedad imposible toman forman un día en la imaginación: poder cruzar el umbral de ese mundo hecho a medias de realidad y literatura que es la puerta de entrada al mítico Café Gijón, en el marco infinito del Paseo de Recoletos.
Un gesto que predice un infortunio, Tantos libros viejos por leer,
una mirada que enamora al descreído, tanta lucidez al borde del vacío,
un amanecer desvelado entre alcoholes, tantas vidas que vivir en una sola,
un personaje inventado por descuido. tanto tiempo debo que no es mío.
Desde la absurda sinrazón. Desde la cruda realidad. Desde la misma vida.
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sábado, 4 de febrero de 2012
jueves, 13 de octubre de 2011
Día de la Hispanidad (reflexiones de cafetería)
Suena el despertador al borde de un amanecer de Octubre, invariable como cada mañana. En el blanco y negro de ese primer segundo de lucidez matinal la alarma de una anomalía me sobresalta: aunque es miércoles, aunque ayer trabajé y mañana volveré a hacerlo, el día de hoy se abre como la inesperada página en blanco en mitad de un libro.
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martes, 12 de octubre de 2010
Bajo los soportales (morning coffee)
El amanecer revela la misma estampa que se ocultase la tarde del día anterior. Lluvia, nubes bajas y niebla que parece enredarse entre los edificios más altos, Paseo de la estación arriba, camino del casco viejo y la catedral. Un domingo cualquiera las primeras horas del día muestran la ciudad como un tablero de ajedrez sin fichas, desierta y silenciosa. Un domingo como el del hoy, sin embargo, la impresión es mucho más intensa. Los efectos secundarios del arranque de la feria y la mañana gris y lluviosa alargan aún más ese periodo de hibernación matinal en la gente.
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