No son pocos quienes consideran el verano que acaba de de terminar como uno de los más livianos que se recuerdan en tiempos recientes, valoración que me cuesta aceptar. Tal vez todos y cada uno de ellos están en lo cierto y soy yo el observador de perspectiva desenfocada, pero no sé ver un verano como no caluroso, como si en su mismo nombre llevara implícito el sopor y el aturdimiento marcado por demasiadas horas de luz, de sol sin brisa quemando la tierra.
Un gesto que predice un infortunio, Tantos libros viejos por leer,
una mirada que enamora al descreído, tanta lucidez al borde del vacío,
un amanecer desvelado entre alcoholes, tantas vidas que vivir en una sola,
un personaje inventado por descuido. tanto tiempo debo que no es mío.
Desde la absurda sinrazón. Desde la cruda realidad. Desde la misma vida.
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miércoles, 28 de septiembre de 2011
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