He concluido la tercera lectura del ejemplar de El pintor de batallas que poseo desde que hace más de seis años apareciera en las librerías. Seis años tras los cuales ni libro ni lector son lo que eran cuando se conocieron. El libro posee rasgaduras, un papel desgastado y ligeramente oscurecido por el paso del tiempo, papeles con anotaciones o simples marca-páginas accidentales procedentes del servilletero de una cafetería, o un billete de lotería que llegó hasta él sin que ya sea capaz de recordar cómo.
Un gesto que predice un infortunio, Tantos libros viejos por leer,
una mirada que enamora al descreído, tanta lucidez al borde del vacío,
un amanecer desvelado entre alcoholes, tantas vidas que vivir en una sola,
un personaje inventado por descuido. tanto tiempo debo que no es mío.
Desde la absurda sinrazón. Desde la cruda realidad. Desde la misma vida.
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martes, 15 de mayo de 2012
jueves, 21 de octubre de 2010
Y... sigo buscando. Juan Martínez Pozo. Sala Maestra.
Ayer por la tarde fuí a ver la exposición alojada estos días en la Sala Maestra. Si bien nunca he simpatizado en exceso con la pintura, hoy sé que, de no haber pasado por allí, lo hubiera sentido profundamente. No ya por la razonable calidad de la obra, entendiendo esta expresión en ningún caso como la crítica fundada expuesta por alguien con estudios en la materia, sino como la modesta opinión de que aquellos cuadros resultan agradables a la vista, aportando una paz y una calidez que habitualmente no encuentro en la pintura abstracta. De la misma forma destacan las acuarelas que, dispuestas en láminas sobre una mesa, muestran distintos paisajes a lo largo de las cuatro estaciones del año.
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