jueves, 23 de septiembre de 2010

Un día sin... ¿coches?

Hicieron lo que pudieron. Hicieron tanto como podían hacer, que es poco en esta tierra donde pocas veces hacemos caso si no es por imposición. Por desgracia, pienso mientras miro los diarios, a pesar de sus buenas intenciones no lograron nada. Ayer se celebró el día europeo sin coches, y resultó tan perceptible en la calle... que si no fuera por la prensa y la televisión creo que nadie se habría dado maldita cuenta de ello. Un titular cogido al azar lo resume bien...

Los atascos protagonizan el Día sin Coches



Tiene su gracia. Hace cien años todo el mundo podía desplazarse sin necesidad de un coche -malamente sabían, salvo pocos ejemplares de las clases altas, lo que era un coche-. ¿Hoy en día? ¿Qué clase de personaje es aquel que no tiene, al menos, un coche en casa? Eso, cuando no llegamos al caso de que papi tenga su coche de a diario, y luego otro más mono para los domingos; mami tiene el suyo, por la cosa del trabajo; y los peques de la casa -veinte años a cuestas y aún los llamamos mis niños- cada uno el suyo. Para que no se peleen.

¿Que nos metemos en un atasco? Sin problema. Tengo mi climatizador y mi equipo de audio para hacérmelo llevadero. Ya saldremos. ¿Que no hay donde aparcar? Bah, paciencia. Ya se irá alguien.

Y así dejamos a un lado una realidad de forma incomprensible: si no dependieramos tanto del transporte privado, y de paso le dieramos un tirón de orejas a aquellos que nos gobiernan para que pongan medidas, el transporte público sería lo que debiera ser: cómodo, económico y rápido. A lo que podemos añadir que al tranvía, al urbano, o al que sea, no hay que preocuparse en aparcarlo. Y ya de paso, por bordar la historia, nos podríamos quitar un tanto del manto grisaceo que cubre el horizonte por las tardes. Quien sabe si aquellos catastrofistas que hablan del cambio climático no van por buen camino.

Habrá quien piense que llevando a cabo una reducción de este tipo le pegaríamos un palo -otro más, junto a la crisis- al sector del automovil. Lo primero: irremediablemente, igual que reventó el ladrillo, antes o después lo debe hacer el automovil. Tal vez la afirmación sea osada, pero no necesito más que mirar hacia la calle, comprobar que no se puede andar por ninguna parte -no solo aparcar resulta complicado-, a causa de la masificación de automóviles que existe. ¿Que hay que renovar el parque movil? Cierto, pero tiene sus matices. Es inevitable que una vez lleno el saco, no quepa nada más dentro, y con ello las ventas bajen. Por mucho que se pretenda renovar los vehiculos con una cierta edad.

A estas alturas, alguien se me puede echar las manos a la cabeza diciendo que pretendo reventar unos cuantos empleos. No pretendo eso, sino ser objetivo y decir que esto no lleva buen camino, y la burbuja ha de desinflarse como siempre. En lo que a contaminación se refiere, para todo hay soluciones. Basta pensarlas, y tener a manos los medios -aunque esto sea más complicado, debido a que el parné lo mueve gente con intereses delicados- como llevar a cabo lo que llevan años diciendo: sacando a la calle vehículos eléctricos, a base de hidrógeno, pedales o lo que sea.

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