martes, 19 de octubre de 2010

Amianto

Poco después de levantarme, fiel a la costumbre enciendo la radio y sintonizo Radio 3, esperando ese primer contacto con el mundo basado en la buena música, dejando a menudo a un lado el aspecto comercial de otras emisoras. Pero esta mañana, lejos de las habituales melodías me encuentro con una entrevista que tras las primeras palabras ya ha atraído mi atención: la utilización del amianto -o asbesto- y todo lo que lo ha rodeado durante las últimas décadas.

Mientras preparo el desayuno presto atención a esas palabras. Hace algunos años que tengo conocimiento los efectos del amianto sobre la salud, de la prohibición de emplearlo, así como de las innumerables batallas legales emprendidas por muchas personas, unas veces trabajadores que estuvieron expuestos a él sin conocer los riesgos o que nunca fueron informados y protegidos por aquellos para quienes trabajaban; otras, por la exposición padecida al vivir cerca de instalaciones donde se empleaba; otras, familiares de trabajadores que, padeciendo alguna enfermedad derivada o no, pelean ante tribunales por la salud que se jugaron y a menudo perdieron.

Son miles de placas de fibrocemento que un día
deberán ser desechadas

A menudo esas batallas son ganadas, y no siempre en vida sino a título póstumo. En cualquier caso, tras meses o años de sufrir la enfermedad o de cuidar a alguien que la padece, una indemnización económica, por alta que sea, no resulta más que una compensación simbólica de un daño irreparable: la muerte adelantada, a veces meses, otras, décadas, añadido al sufrimiento de los síntomas durante la enfermedad por parte del afectado y sus allegados.

Miro por la ventana mientras sigo escuchando. En la terraza del piso inferior una paloma juguetea con lo que parecen migajas de pan duro. Algunos metros más allá reparo en algo que, a pesar de llevar varios meses viviendo aquí, no había llamado mi atención. Buena parte de las cubiertas de los edificios próximos están hechas con placas de fibrocemento, conocidas habitualmente como uralitas, nombre tomado de la empresa que las fabricaba. Esta impresión refuerza las palabras del locutor, que poco antes ha hablado de lo mucho que se utilizaron estas cubiertas hasta hace unos años.

Otros usos muy extendidos fueron la automoción, donde el amianto se empleaba en elementos tales como las pastillas de freno, en la construcción y mantenimiento de instalaciones ferroviarias o en la industria naval, uso este último que se prohibió en 1985.

En el caso de Estados Unidos, el amianto fue prohibido en 1969. Una de las últimas construcciones donde se empleó fue en las torres gemelas, las cuales contuvieron este mineral hasta la planta cuarenta; a partir de esta dejó de utilizarse por su prohibición. Esto no evitó, sin embargo, que su producción en EEUU y Canadá continuara, siendo exportado al no poder usarlo, a países como la India, lugar donde son además desguazados navíos antiguos de diversas nacionalidades en cuya construcción se utilizó amianto. Hermoso ejemplo dado por el civilizado primer mundo al resto del planeta.
Fibras de asbesto, tan útiles como peligrosas
Uno de los entrevistados recalca profundamente la peligrosidad del amianto y la necesidad de que personal especializado sea el encargado de la retirada y eliminación de componentes o materiales que puedan contenerlo, ya sea en industria, edificios, etc. No puedo evitar en este momento echar la vista atrás y recordar que en alguna ocasión yo tuve que trabajar con planchas de fibrocemento, que cortarlas, taladrarlas, o bien estar trabajando cerca o ayudando a otro que operaba con estas placas. El desconocimiento de los riesgos era evidente, y la única protección que probablemente llegamos a utilizar debió ser unos guantes para evitar cortes durante la manipulación. Ahora mismo desconozco si la aspiración de aquel polvo puede pasarme factura a largo plazo, contado los entre veinte y treinta años que aproximadamente permanecen las partículas de amianto incubando lo que posteriormente será la enfermedad, mesotelioma pleural maligno en el peor de los casos, caracterizada en su punto álgido por una insuficiencia respiratoria avanzada.

Horas más tarde he tenido ocasión de mirar en la red algo acerca de quien hablaba a través de las ondas, cuya madre falleció hace treinta años a causa de la emisión de esta sustancia por la torre de ventilación de una fábrica contigua a su casa, así como del documental Historias de amianto, realizado entre otros por él. Desde esta página deseo enviar un respetuoso saludo tanto para él como para todos aquellos que padecen de alguna forma los efectos de esta sustancia, el material que jamás debió ser descubierto.

Más información sobre el documental,
www.euskonews.com/0546zbk/gaia54603es.html


El programa de Radio 3 en cuestión,

http://www.ivoox.com/historias-amianto-escribano-palustre-audios-mp3_rf_395372_1.html



Estudio sobre los efectos del amianto en las proximidades de la fábrica de Uralita de Cerdanyola del Vallés

http://www.farmacialanucia.es/newsdesk_info.php?newsPath=18&newsdesk_id=186




1 comentario:

  1. Espero que tu pasado cerca de estas sustancias no te afecte absolutamente para nada. De todas formas, igual deberías no preocuparte tanto por aquello tan lejano y pensar en las sustancias que absorves todos los días con cada calada que le das a un cigarro, más el humo de los cigarros de los demás.

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