lunes, 7 de marzo de 2011

El cerro de las canteras: un paraíso olvidado al pie de la ciudad

Desde los alrededores, la vista del promontorio impresiona al viajero. Un cerro de forma similar a un cono que invita a la imaginación a ver en su cima restos de un viejo castillo árabe. En alguna ocasión traté sin éxito de acceder a la cima a través del camino que se advierte en la ladera a modo de espiral. Ayer a media mañana quien escribe estas líneas acompañado de Alemán y de su novia accedimos allí. He aquí lo que encontramos.

No hay señal alguna que indique el camino a seguir, de manera que tenemos que dar un par de vueltas por las calles en obras de aquella mezcla entre polígono industrial y zona residencial a las afueras, para acabar preguntando a una pareja que andaba por allí.

- Disculpe, ¿por donde se sube aquí arriba, al cerro de las canteras?
- Tienen que seguir por esta calle, pero me parece que eso está cerrado eh.

Seguimos por donde el hombre nos indica, para encontrarnos, a la vuelta de la curva doscientos metros más adelante, con una verja cerrada. Bajamos del coche y echamos un vistazo a la situación. La puerta corredera de la verja está cerrada, pero no hay una cerradura, un candado, una cadena, ni tan siquiera un cartel que indique el estado de cierre o prohibición alguna de entrar, así que abrimos la puerta y ascendemos por la calle asfaltada.



A partir de aquí el camino se hace a pie. Las vistas dejan sin aliento.


Unos pasos más adelante vemos cómo la antigua cantera ha sido acondicionada y habilitada como parque y zona de ocio. Encontramos hasta una sobria y escueta capilla.



Seguimos caminando y pronto nos cambia el gesto. Todo tiene el aspecto de una obra casi terminada en la cual se ha invertido mucho dinero, para finalmente dejarla abandonada y que la gentuza y la meteorología se ocupen del resto. Así, pronto empezamos a ver destrozos en farolas, el aseo de la parte baja del parque forzado y con sanitarios e instalación eléctrica arrancados, daños en fuentes. Incluso las maderas que forman la verja exterior han sido arrancadas en algunos puntos. Todo un cuadro.


Seguimos andando hacia la parte superior, preguntándonos quién es el responsable de que estas instalaciones estén en tal estado. Las vistas de la ciudad desde aquí, con la fortaleza al fondo, son magníficas.


Por el camino nos topamos con más arquetas de instalación eléctrica abiertas y con el cableado arrancado o cortado, desvalijadas por personas que no merecen tan siquiera este calificativo.



Además vamos encontrando por todas partes otro elemento que aspira a destruir la vegetación de la zona, como si el ser humano no fuera suficiente. Por todas partes y distribuidas o agrupadas vamos encontrando cientos de ejemplares de la comunmente conocida como Procesionaria del pino. Algunos pinos han sucumbido ya a estos animales, otros tienen en sus ramas los cogollos blancos construídos por estas con el fin de meterse dentro y sobrevivir alimentándose de la savia del árbol, hasta dejarlo seco.




En la parte alta del promontorio hay otro aseo y un pequeño kiosco, junto a lo que parece un depósito de agua. Al igual que en la parte inferior del parque, es fácil encontrar daños causados por la gente en su empeño por robar o simplemente por afán de destrucción -la realización personal para algunos supondrá seguir esa senda-. También llama la atención la cantidad de grietas abiertas en el terreno, agravadas a causa de las lluvias de los últimos meses, que ponen de manifiesto problemas de estabilidad en distintos puntos de las laderas y que obligarían, si alguna vez este parque se ve convenientemente arreglado y abierto al público, a la construcción de muros de piedra que reforzaran esos taludes.



Tras pasear un rato por el parque comenzamos el descenso camino del coche. A la salida del recinto volvemos a dejar la puerta cerrada, tal y como la encontramos, y nos despedimos del lugar con el amargo sabor, una vez más, de ver cómo un lugar que constituye un bien para la ciudad está dejado completamente tanto de la mano de las autoridades, que se desentienden de la vigilancia de la zona, como de los políticos responsables del lugar, y aquí me da igual si hablamos de Ayuntamiento, Diputación, Gobierno central o Cámara europea.

Buscando en la red he encontrado algunas noticias sobre el tema, algunas recientes, que incluso alientan a pensar que el lugar verá alguna solución en pocos meses. Al parecer el problema es -o era, ya que los daños en el parque deberán sumarse a este- la falta de agua en el lugar para riego y mantenimiento, para lo que la tendrían que elevar desde ríos próximos o bien aprovechar agua depurada, solución esta más económica. Sea como fuere, la documentación debe andar perdida entre montañas de trámites burocráticos, al tiempo que ese pequeño oasis a poco más de un kilómetro del centro de la ciudad va pasando a la historia como lo que no fue y lo que pudo haber sido.

Artículo más reciente encontrado al respecto:

http://www.ideal.es/jaen/v/20110301/jaen/modifican-riego-parque-canteras-20110301.html

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