Si bién tengo la intención de crear un artículo un poco más completo sobre esta obra cuando por fín me centre en los libros y la fotografía, he dedidido emplear un fragmento de El pintor de batallas, de Arturo Pérez-Reverte, como arranque de esta sección dedicada por entero al único vicio que jamás podré dejar -el tabaco a su lado es una gilipollez-: los libros.
Un fresco circular que está siendo pintado en una antigua torre vigía a orillas del Mediterráneo por un fotografo de guerra retirado, y cuyos motivos representan la imagen que este nunca logró obtener a través de la cámara. La visita inesperada de un personaje del pasado, que busca justicia a su modo. El recuerdo perenne de una mujer muerta años atrás que condicionó cada instante desde que las miradas de ambos se cruzasen frente a un cuadro. Guerras y simetrías, junto a un profundo análisis de la condición humana que convierten esta obra en una de las imprescindibles para tratar de comprender qué somos y por qué.
Un fresco circular que está siendo pintado en una antigua torre vigía a orillas del Mediterráneo por un fotografo de guerra retirado, y cuyos motivos representan la imagen que este nunca logró obtener a través de la cámara. La visita inesperada de un personaje del pasado, que busca justicia a su modo. El recuerdo perenne de una mujer muerta años atrás que condicionó cada instante desde que las miradas de ambos se cruzasen frente a un cuadro. Guerras y simetrías, junto a un profundo análisis de la condición humana que convierten esta obra en una de las imprescindibles para tratar de comprender qué somos y por qué.

Artículo dedicado al magnífico Arturo Pérez-Reverte, en este 3 de marzo en el cual, a sus 59 largos tacos, sale a la calle su última novela -esperemos que solo de momento-, El asedio, que espero algún día tenga un merecido hueco en esta sección.
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